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jueves, 3 de octubre de 2013

Otoñoña


 Estación de la bruma y la dulce abundancia,
gran amiga del sol que todo lo madura,
tú que con él planeas cómo dar carga y gozo
de frutos a la vid, bajo el pajizo alero;
cómo doblar los árboles musgosos de las chozas,
con peso de manzanas, y sazonar los frutos.
y henchir la calabaza y rellenar de un dulce
grano las avellanas: cómo abrir más y más
flores tardías para las abejas, y en tanto
crean puesto que los cálidos días no acaban nunca,
pues les colmó el estío sus pegajosas celdas.
 
¿Quién, entre tu abundancia, no te ha visto a menudo?
A veces, el que busque fuera, podrá encontrarte
sentado en un granero, en el suelo, al descuido,
el pelo suavemente alzado por la brisa
algo viva; o dormido, en un surco que a medias
segaron, al aliento de las adormideras,
mientras tu hoz respeta trigo próximo y flores
enlazadas. Y a veces, como una espigadora,
enhiesta la cargada cabeza, un riachuelo
cruzas; o junto a alguna prensa de cidras, velas
pacientemente el último fluir, horas y horas.

¿Dónde están las canciones de primavera? ¡Ah! ¿Dónde?
Ni pienses más en ellas, pues ya tienes tu música,
cuando estriadas nubes florecen el suave
morir del día y tiñen de rosa los rastrojos;
entonces el doliente coro de los mosquitos
entre sauces del río se lamenta, elevándose
o bajando, según el soplar de la brisa;
y balan los crecidos corderos en los montes;
canta el grillo en el seto; y ya, con trino blando,
en el jardín cercado, el petirrojo silba
y únense golondrinas, gorjeando, en el cielo.

 Al Otoño - John Keats





Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma. 

Te recuerdo como eras el último otoño - Pablo Neruda



martes, 27 de noviembre de 2012

Está ocurriendo señores, digan hola a los copos

Ha empezado a nevar, poquito pero es nieve al fin y al cabo ^^, en Hobbiton (Así llamo yo a Collado Mediano, que es donde vivo) pocas cosas me parecen tan mágicas como la nieve y siempre que nieva recuerdo esta cita que Chris Stevens hace en un capítulo de Doctor en Alaska (la serie que encabeza mi top-five de series preferidas de todos los tiempos):

¡Oh! la nieve, la nieve preciosa.
 Rellenando el cielo y la tierra debajo,
en los tejados de las casas, en la calle, en la cabeza de la gente que conoces, bailando, flirteando al compás.

¡Oh! la nieve, la nieve preciosa.
Como los copos se juntan y ríen mientras se van, girando hasta enloquecer de diversión,
juegan con el regocijo de todos, persiguiéndose, riendo, apresurándose.

Ilumina la cara y chisporrotea los ojos.
Incluso los perros con un ladrido o un brinco quiebran los cristales que se forman.
La ciudad esta viva y su corazón reluciente para dar la bienvenida a una nieve preciosa.

Está ocurriendo señores, digan hola a los copos.